jueves, 12 de marzo de 2026

LO NUEVO EN MARX ES LA DIRECCIONALIDAD

 

LO NUEVO EN EL MARXISMO ES LA DIRECCIONALIDAD

No todos oímos lo mismo. -  No vemos todos lo mismo. -  No escuchamos todos lo mismo.


I. La dirección como horizonte

Lo nuevo en Marx no es solo el diagnóstico del capital. Lo nuevo es la direccionalidad: la capacidad de vislumbrar hacia dónde vamos mientras pisamos el barro del presente. No se trata de adivinar el futuro: se trata de construirlo con las manos, con el cuerpo, con la historia acumulada.

La cobra escarlata muda su piel para seguir viva. No abandona lo que fue: lo incorpora, lo transforma, lo supera. Así debe ser la izquierda que mira al futuro: capaz de desprenderse de lo que ya no sirve sin renegar de lo que la constituye. Y en esa muda, lo que permanece es la dirección: la certeza de que otro mundo es posible y de que depende de nosotros hacerlo real.

No todos oímos lo mismo. Pero podemos oír la misma llamada.

No todos vemos lo mismo. Pero podemos ver el mismo horizonte.

No todos escuchamos lo mismo. Pero podemos escuchar la misma urgencia.


II. El oído múltiple: la dirección no es unísono

Cuando la cobra escarlata convoca, no pide que todos cantemos la misma canción. Pide que cada cual traiga la suya, y que en el encuentro de todas esas canciones emerja algo que nadie podría haber cantado solo.

Venimos de todas partes. De quienes empuñaron armas y creyeron que otro mundo era posible incluso a riesgo de la vida. De quienes construyeron organización en la clandestinidad, tejiendo redes en la noche para que amaneciera distinto. De quienes aprendieron que la revolución se hace con los pies en la tierra, con trabajo de base, con organización popular día a día. De quienes entendieron que nuestras luchas no entienden de fronteras, que lo que pasa en un país le duele a todos los pueblos. De quienes pusieron el cuerpo, que es lo único que tenemos, y lo pusieron entero, con todo lo que duele y todo lo que ama.

Cada cual con su historia. Cada cual con sus muertos. Cada cual con su canción.

Y sin embargo, hay dirección. No porque alguien imponga el rumbo desde arriba, sino porque el rumbo emerge del encuentro. Porque cuando los que vienen de la tradición de las armas se encuentran con los que vienen de la tradición de las escuelas, algo nuevo nace. Cuando los que vienen de la clandestinidad se encuentran con los que vienen del trabajo de base, algo nuevo nace. Cuando los que vienen de la lucha internacionalista se encuentran con los que araron la tierra para sembrar maíz, algo nuevo nace.

Eso es la direccionalidad en Marx: no la línea recta trazada de antemano, sino la capacidad colectiva de orientarse en la tormenta.


III. La visión encarnada: la dirección emerge de abajo

El arte es producción, no reflejo. La realidad no está dada: se hace. Y en ese hacer, la mirada no es neutral.

Los que vienen del PRT lo saben. Los que vienen del MIR lo saben. Los que vienen de cada organización que puso el cuerpo en las décadas duras lo saben: la dirección no se decreta, se construye. Se construye en la fábrica y en el campo, en la universidad y en el barrio, en la clandestinidad y en la luz del día. Se construye con aciertos y con errores, con victorias y con derrotas, con los que quedaron en el camino y con los que siguen adelante.

No todos vemos lo mismo. El que vivió la clandestinidad ve el mundo de un modo. El que vivió el exilio, de otro. El que se quedó, de otro. El que volvió, de otro. Pero todos vieron lo mismo: que la dignidad no se negocia, que la solidaridad no es caridad sino estrategia, que el internacionalismo no es frase hecha sino sangre compartida.

La dirección que emerge de esas miradas no es la de un líder iluminado ni la de un partido que todo lo sabe. Es la dirección que surge de la experiencia acumulada, de la memoria que no se deja borrar, de los muertos que siguen hablando en cada lucha.

En Cuba lo saben. En cada rincón donde alguien cree que la dignidad vale, lo saben. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias —Ejército, Marina, Aeronáutica, Milicias— no son casta: son pueblo en armas. Son la dirección hecha carne popular. Son la prueba de que la dirección no viene de fuera: viene de adentro, de la historia, del sacrificio, de la resistencia de cada día.


IV. La escucha atenta: la dirección es colectiva

Escuchar es más que oír. Escuchar es atender, es prestar atención, es dejarse afectar. Y la dirección que necesita la izquierda hoy es una dirección que sepa escuchar.

No todos escuchamos lo mismo. El que viene de la tradición de quienes empuñaron armas escucha con el oído del combatiente: sabe que el enemigo no descansa, que la vigilancia es necesaria, que la firmeza no es rigidez. El que viene de la tradición de quienes construyeron escuelas escucha con el oído del maestro: sabe que el tiempo de los pueblos es largo, que la semilla tarda en dar fruto, que la paciencia no es pasividad. El que viene de la tradición de quienes tejieron paz escucha con el oído del que sabe que la guerra no es la única forma de combatir.

Y sin embargo, todos escuchamos lo mismo: que el imperio avanza, que el capital devora, que la humanidad necesita una alternativa. Todos escuchamos que China y Rusia, con sus aciertos y sus contradicciones, con sus caminos propios y sus historias particulares, son hoy un dique de contención frente al imperialismo. Todos escuchamos que la Franja y la Ruta no es solo un proyecto económico: es la posibilidad de un mundo multipolar, de un orden donde quepamos todos, donde ninguna tradición sea aplastada por la bota del más fuerte.

Escuchar es aprender del error. Escuchar es reconocer que el otro tiene algo que enseñarnos. Escuchar es saber que la dirección no la tiene nadie solo, sino que se construye entre todos.


V. Lo nuevo en Marx

Lo nuevo en Marx es la direccionalidad. No porque Marx haya inventado la idea de futuro —los pueblos siempre han soñado—, sino porque mostró que el futuro no es sueño ni espejismo: es posibilidad real, inscrita en las contradicciones del presente, esperando que alguien la haga nacer.

Y esa direccionalidad, hoy, exige algo que las izquierdas han practicado poco: la capacidad de sumar sin exigir renuncia. La capacidad de construir unidad sin exigir uniformidad. La capacidad de avanzar juntos aunque los ritmos sean distintos, aunque las canciones sean diferentes, aunque las historias no sean las mismas.

Dejamos atrás el sectarismo que nos hizo pequeñes. La manía de medir purezas. La costumbre de mirar al compañero de al lado como enemigo. El vicio de la excomunión fácil. La pereza de no leer al otro antes de juzgarlo.

Dejamos la creencia de que existe una línea justa que alguien posee y el resto debe acatar. No hay papa de la revolución. Hay tradiciones que dialogan. Hay experiencias que se fecundan. Hay un nosotros por construir que no exige renunciar a la historia propia.

Dejamos el lenguaje cifrado que solo entienden iniciados. La jerga que excluye. El vocabulario que suena a amenaza. Vamos a hablar claro: para que nos entiendan los trabajadores, los jóvenes, los artistas, quienes nunca pisaron una reunión de partido pero quieren cambiar el mundo.


VI. La invitación

Esto no es un dogma. Es una invitación. No venimos a decirles lo que tienen que pensar. Venimos a proponerles pensar juntos. No venimos a fundar la secta de los iluminados. Venimos a construir la alianza de quienes quieren ver más allá.

Si vienes de la tradición de quienes empuñaron armas, te necesitamos.

Si vienes de la tradición de quienes construyeron organización en la clandestinidad, te necesitamos.

Si vienes de la tradición de quienes aprendieron que la revolución se hace con los pies en la tierra, con trabajo de base, con organización popular día a día, te necesitamos.

Si vienes de la tradición de quienes entendieron que nuestras luchas no entienden de fronteras, que lo que pasa en un país le duele a todos los pueblos, te necesitamos.

Si vienes de la tradición de quienes pusieron el cuerpo, que es lo único que tenemos, y lo pusieron entero, con todo lo que duele y todo lo que ama, te necesitamos.

Si vienes de esas tradiciones que otros callan, de esas memorias que el poder quiere borrar, de esas historias que insisten aunque quieran enterrarlas, te necesitamos.

Todas, todos. Cada tradición es una herramienta. Cada herramienta sirve si la usamos juntos.

El mundo que viene no lo construye una sola tradición. Lo construimos entre todas las que alguna vez soñaron con cambiarlo. Entre las que lo intentaron y no pudieron. Entre las que pudieron y lo sostienen. Entre las que empiezan ahora y no saben cómo pero tienen ganas.

En Cuba lo saben. En cada rincón donde alguien cree que la dignidad vale, lo saben. Por eso llegamos con la cobra escarlata visible: para que allá, en la isla, en cada territorio donde se lucha, sepan que no somos secta, somos pueblo. Que no venimos a pedir permiso, venimos a construir con quien quiera construir.

Si sabes que el arte puede más que la mercancía, te necesitamos. Si sabes que la cultura es territorio de disputa, te necesitamos. Si sabes que el futuro no está escrito y podemos escribirlo juntos, te necesitamos. Si sonríes y dices que sí, pero aún no has intentado, te necesitamos también. Sobre todo a ti.


VII. Lo que afirmamos

No todos oímos lo mismo. No todos vemos lo mismo. No todos escuchamos lo mismo.

Lejos de ser un obstáculo, esta diversidad es la condición misma de posibilidad de lo nuevo. Porque si todos oyéramos lo mismo, el mundo sería un eco sin diferencia. Si todos viéramos lo mismo, no habría fuerzas nuevas presionando desde los bordes. Si todos escucháramos lo mismo, la música del mundo sería un solo sonido.

La direccionalidad que necesitamos no es la que aplasta las diferencias. Es la que las articula. Es la que permite que cada cual aporte su oído, su mirada, su escucha, y que en el encuentro de esas diferencias emerja algo que nadie podía anticipar.

Eso es el nosotros: no la suma de individuos, sino la multiplicidad que se produce en el entre. Eso es la prospectiva: no la predicción del futuro único, sino la amplificación de los futuros deseables que ya laten en el presente.

Todo o nada. Adelante, adelante con todas las fuerzas de la izquierda, con todas las fuerzas de la historia.

La cobra escarlata ha mudado su piel. No para olvidar lo que fue, sino para seguir viva. La nueva piel es esta convocatoria. Ahora toca moverse.

Juntos. Siempre juntos.

Arriba la República Popular China. Arriba la lucha de los pueblos. Arriba la dirección que construimos entre todos.

Marzo 2026

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