LO NUEVO EN EL MARXISMO ES LA DIRECCIONALIDAD
No todos oímos lo mismo. – No todos vemos lo mismo. – No todos escuchamos lo mismo.
I. La dirección como horizonte
Lo nuevo en Marx no es solo el diagnóstico del capital. Lo nuevo es la direccionalidad: la capacidad de vislumbrar hacia dónde vamos mientras pisamos el barro del presente. No se trata de adivinar el futuro: se trata de construirlo con las manos, con el cuerpo, con la historia acumulada.
La cobra escarlata muda su piel para seguir viva. No abandona lo que fue: lo incorpora, lo transforma, lo supera. Así debe ser la izquierda que mira al futuro: capaz de desprenderse de lo que ya no sirve sin renegar de lo que la constituye. En esa muda, lo que permanece es la dirección: la certeza de que otro mundo es posible y de que depende de nosotros hacerlo real.
No todos oímos lo mismo. Pero podemos oír la misma llamada.
No todos vemos lo mismo. Pero podemos ver el mismo horizonte.
No todos escuchamos lo mismo. Pero podemos escuchar la misma urgencia.
II. El oído múltiple: la dirección no es unísono
Cuando la cobra escarlata convoca, no pide que todos cantemos la misma canción. Pide que cada cual traiga la suya, y que en el encuentro de todas esas canciones emerja algo que nadie podría haber cantado solo.
Venimos de todas partes. De los que tomaron Garín y de los que construyeron escuelas. De los que dijeron basta a la espera y de los que tejieron paz. De los que supieron unir en la lucha y de quienes araron la tierra. De la organización del poder clasista y de su brazo que no tiembla. De la teoría hecha carne militante –el hermano del presidente que eligió las trincheras–. Del Vasco que aprendió en la fuga.
Cada cual con su historia. Cada cual con sus muertos. Cada cual con su canción.
Y sin embargo, hay dirección. No porque alguien imponga el rumbo desde arriba, sino porque el rumbo emerge del encuentro:
Cuando los que vienen de la tradición de las armas se encuentran con los que vienen de la tradición de las escuelas, algo nuevo nace.
Cuando los que vienen de la clandestinidad se encuentran con los que vienen del trabajo de base, algo nuevo nace.
Cuando los que vienen de la lucha internacionalista se encuentran con los que araron la tierra para sembrar maíz, algo nuevo nace.
Eso es la direccionalidad en Marx: no la línea recta trazada de antemano, sino la capacidad colectiva de orientarse en la tormenta.
III. La visión encarnada: la dirección emerge de abajo
El arte es producción, no reflejo. La realidad no está dada: se hace. En ese hacer, la mirada no es neutral.
Los que vienen de los que tomaron Garín lo saben. Los que vienen de los que dijeron basta a la espera lo saben. Los que vienen de cada organización que puso el cuerpo en las décadas duras lo saben: la dirección no se decreta, se construye. Se construye en la fábrica y en el campo, en la universidad y en el barrio, en la clandestinidad y en la luz del día. Se construye con aciertos y errores, con victorias y derrotas, con los que quedaron en el camino y con los que siguen adelante.
No todos vemos lo mismo:
El que vivió la clandestinidad ve el mundo de un modo.
El que vivió el exilio, de otro.
El que se quedó, de otro.
El que volvió, de otro.
Pero todos vieron lo mismo: que la dignidad no se negocia, que la solidaridad no es caridad sino estrategia, que el internacionalismo no es frase hecha sino sangre compartida.
La dirección que emerge de esas miradas no es la de un líder iluminado ni la de un partido que todo lo sabe. Es la dirección que surge de la experiencia acumulada, de la memoria que no se deja borrar, de los muertos que siguen hablando en cada lucha.
En Cuba lo saben. En cada rincón donde alguien cree que la dignidad vale, lo saben. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias no son casta: son pueblo en armas. Son la dirección hecha carne popular. Son la prueba de que la dirección no viene de fuera: viene de adentro, de la historia, del sacrificio, de la resistencia de cada día.
IV. La escucha atenta: la dirección es colectiva
Escuchar es más que oír. Escuchar es atender, prestar atención, dejarse afectar. La dirección que necesita la izquierda hoy es una dirección que sepa escuchar.
No todos escuchamos lo mismo:
El que viene de los que tomaron Garín escucha con el oído del combatiente: sabe que el enemigo no descansa, que la vigilancia es necesaria, que la firmeza no es rigidez.
El que viene de la tradición de quienes construyeron escuelas escucha con el oído del maestro: sabe que el tiempo de los pueblos es largo, que la semilla tarda en dar fruto, que la paciencia no es pasividad.
El que viene de la tradición de quienes tejieron paz escucha con el oído del que sabe que la guerra no es la única forma de combatir.
Y sin embargo, todos escuchamos lo mismo:
Que el imperio avanza, que el capital devora, que la humanidad necesita una alternativa.
Que China y Rusia, con sus aciertos y contradicciones, con sus caminos propios, son hoy un dique de contención frente al imperialismo.
Que la Franja y la Ruta no es solo un proyecto económico: es la posibilidad de un mundo multipolar, de un orden donde quepamos todos, donde ninguna tradición sea aplastada por la bota del más fuerte.
Escuchar es aprender del error. Escuchar es reconocer que el otro tiene algo que enseñarnos. Escuchar es saber que la dirección no la tiene nadie solo: se construye entre todos.
V. Lo que dejamos atrás
Dejamos el sectarismo que nos hizo pequeños. La manía de medir purezas. La costumbre de mirar al compañero de al lado como enemigo. El vicio de la excomunión fácil. La pereza de no leer al otro antes de juzgarlo.
Dejamos la creencia de que existe una línea justa que alguien posee y el resto debe acatar. No hay Papa de la revolución. Hay tradiciones que dialogan. Hay experiencias que se fecundan. Hay un nosotros por construir que no exige renunciar a la historia propia.
Dejamos el lenguaje cifrado que solo entienden iniciados. Vamos a hablar claro: para que nos entiendan los trabajadores, los jóvenes, los artistas, quienes nunca pisaron una reunión de partido pero quieren cambiar el mundo.
Consigna fundamental:
“En cárcel común perpetua efectiva ningún genocida por las calles de Argentina”
VI. Lo que afirmamos
No todos oímos lo mismo. No todos vemos lo mismo. No todos escuchamos lo mismo.
Lejos de ser un obstáculo, esta diversidad es la condición misma de posibilidad de lo nuevo:
Si todos oyéramos lo mismo, el mundo sería un eco sin diferencia.
Si todos viéramos lo mismo, no habría fuerzas nuevas presionando desde los bordes.
Si todos escucháramos lo mismo, la música del mundo sería un solo sonido.
La direccionalidad que necesitamos no es la que aplasta las diferencias. Es la que las articula. Es la que permite que cada cual aporte su oído, su mirada, su escucha, y que en el encuentro de esas diferencias emerja algo que nadie podía anticipar.
Eso es el nosotros: no la suma de individuos, sino la multiplicidad que se produce en el entre.
Eso es la prospectiva: no la predicción del futuro único, sino la amplificación de los futuros deseables que ya laten en el presente.
VII. La invitación
Esto no es un dogma. Es una invitación. No venimos a decirles lo que tienen que pensar. Venimos a proponerles pensar juntos. No venimos a fundar la secta de los iluminados. Venimos a construir la alianza de quienes quieren ver más allá.
Si vienes de los que tomaron Garín, te necesitamos.
Si vienes de los que dijeron basta a la espera, te necesitamos.
Si vienes de los que supieron unir en la lucha, te necesitamos.
Si vienes de la organización del poder clasista y el brazo que no tiembla, te necesitamos.
Si vienes de la teoría hecha carne militante, te necesitamos.
Si vienes del Vasco que aprendió en la fuga, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes empuñaron armas y creyeron que otro mundo era posible incluso a riesgo de la vida, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes construyeron organización en la clandestinidad, tejiendo redes en la noche para que amaneciera distinto, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes aprendieron que la revolución se hace con los pies en la tierra, con trabajo de base, día a día, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes entendieron que nuestras luchas no entienden de fronteras, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes pusieron el cuerpo, que es lo único que tenemos, y lo pusieron entero, te necesitamos.
Todas, todos. Cada tradición es una herramienta. Cada herramienta sirve si la usamos juntos.
El mundo que viene no lo construye una sola tradición. Lo construimos entre todas las que alguna vez soñaron con cambiarlo. Entre las que lo intentaron y no pudieron. Entre las que pudieron y lo sostienen. Entre las que empiezan ahora y no saben cómo pero tienen ganas.
En Cuba lo saben. En cada rincón donde alguien cree que la dignidad vale, lo saben. Por eso llegamos con la cobra escarlata visible: para que allá, en la isla, en cada territorio donde se lucha, sepan que no somos secta, somos pueblo. Que no venimos a pedir permiso, venimos a construir con quien quiera construir.
Si sabes que el arte puede más que la mercancía, te necesitamos.
Si sabes que la cultura es territorio de disputa, te necesitamos.
Si sabes que el futuro no está escrito y podemos escribirlo juntos, te necesitamos.
Si sonríes y dices que sí, pero aún no has intentado, te necesitamos también. Sobre todo a ti.
VIII. Cierre
La cobra escarlata ha mudado su piel. No para olvidar lo que fue, sino para seguir viva. Esta es su nueva piel.
Juntos. Siempre juntos.
Marzo de 2026
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