VISLUMBRAR LO FUTURO CON LO REAL DEL PRESENTE
la cobra escarlata
Manifiesto para una prospectiva militante
(Edición de ideales – sin instrucciones prácticas)
I. La piel que mudamos
La cobra escarlata muda su piel para seguir viva. No abandona lo que fue: lo incorpora, lo transforma, lo supera. Así debe ser la izquierda que mira al futuro: capaz de desprenderse de lo que ya no sirve sin renegar de la historia que la constituye.
Venimos de todas partes. De los que tomaron Garín y de los que construyeron escuelas. De los que dijeron basta a la espera y de los que tejieron paz. De los que supieron unir en la lucha y de quienes araron la tierra. De la organización del poder clasista y de su brazo que no tiembla. De la teoría hecha carne militante –el hermano del presidente que eligió las trincheras, asesinado por la serpiente venenosa que el poder engendró–. Del Vasco que aprendió en la fuga.
No venimos a juzgar. Venimos a sumar. No venimos a fundar la internacional del pensamiento correcto. Venimos a construir la caja de herramientas común.
Principio: De lo pequeño a lo grande. De lo simple a lo complejo.
II. Lo que aprendemos
Aprendemos que el arte no es adorno: es fábrica de realidad. La forma no es capricho: es respuesta a necesidades concretas. El cartel que organiza, la canción que congrega, el mural que denuncia: todo eso es tradición que honramos.
Aprendemos que lo revolucionario no habita solo en la claridad del concepto, sino en las tinieblas del deseo. El sueño no evade: revela las fisuras de lo real. La imaginación es fuerza material. Lo que hoy parece imposible, mañana será memoria de lo que alguien se atrevió a desear.
Aprendemos que la vida cotidiana es el verdadero campo de batalla. No basta transformar la propiedad: hay que transformar la experiencia. No basta ganar el Estado: hay que ganar la calle, la fiesta, el amor. Construir situaciones es construir poder.
Aprendemos que el arte no puede darse el lujo de la torre de marfil cuando las mayorías carecen de pan. Pero aprendemos también que lo popular no es consigna: es territorio vivo donde hay que hundir raíces para extraer savia nueva. El pueblo crea aunque no firme las obras.
Aprendemos que la cultura es trinchera. Que el cine, la música, la gráfica son armas de construcción masiva. Que una canción puede más que un discurso. Que el humor es forma de inteligencia política. Que la dignidad no se negocia.
Aprendemos que el internacionalismo no es frase hecha: es reconocer que nuestras luchas son una sola, aunque los ritmos sean distintos. Lo que pasa en un país resuena en todos. La solidaridad no es caridad: es estrategia.
III. Lo que dejamos atrás
Dejamos el sectarismo que nos hizo pequeños. La manía de medir purezas. La costumbre de mirar al compañero de al lado como enemigo. El vicio de la excomunión fácil.
Dejamos la creencia de que existe una línea justa que alguien posee y el resto debe acatar. No hay Papa de la revolución. Hay tradiciones que dialogan. Hay experiencias que se fecundan. Hay un nosotros por construir que no exige renunciar a la historia propia.
Dejamos el lenguaje cifrado que solo entienden iniciados. Vamos a hablar claro: para que nos entiendan los trabajadores, los jóvenes, los artistas, quienes nunca pisaron una reunión de célula pero quieren cambiar el mundo.
Dejamos la condena moral como método. Podemos disentir sin anatematizar. Podemos debatir sin destruir. Podemos construir unidad sin exigir uniformidad. La diversidad no es debilidad: es condición de posibilidad de lo nuevo.
Dejamos atrás las frases vacías.
IV. Lo que afirmamos con certeza
Afirmamos que el arte es producción, no reflejo. La creatividad es capacidad colectiva, no don divino. Todo ser humano es potencialmente artista de su propia vida. Nuestra tarea es crear las condiciones para que esa potencia se actualice.
Afirmamos que la cultura es terreno de disputa estratégico. El enemigo no es solo quien posee los medios de producción, sino quien posee los medios de producción de sentido. Liberar la economía sin liberar la imaginación es liberación a medias.
Afirmamos que la gestión cultural es política cultural. No hay gestión neutra. Administrar recursos es distribuir poder. Programar actividades es jerarquizar lo que importa. Decidir es apostar a ciertos futuros.
Afirmamos que las industrias culturales pueden ser territorio de liberación o de sometimiento. Depende de quién las controle y con qué fines. No demonizamos la tecnología: queremos torcerle el brazo. Que el algoritmo sirva a la vida, no la vida al algoritmo.
Afirmamos que la prospectiva es necesaria. No para adivinar el futuro, sino para construirlo. Vislumbrar lo que viene para intervenir a tiempo. Detectar las débiles señales de lo nuevo para potenciarlas. Imaginar escenarios deseables para hacerlos posibles.
Afirmamos la consigna fundamental:
“En cárcel común perpetua efectiva ningún genocida por las calles de Argentina”
V. Las certezas que nos guían
Primera certeza: El presente contiene múltiples futuros. El que se realiza no es el único posible, sino el que logra imponerse en la lucha de los devenires. Nuestra tarea es fortalecer los futuros deseables, hacerlos más probables.
Segunda certeza: La contradicción no es error: es textura de lo real. Algo puede ser verdadero y falso a la vez, según el momento, según el punto de vista de clase. El arte trabaja en el espacio paradójico donde las certezas burguesas se disuelven.
Tercera certeza: Lo real no es solo lo que existe, sino lo que insiste. Hay fuerzas, deseos, potencias que no logran existencia plena pero no cesan de presionar desde los bordes. El arte es el oído que escucha esas presiones, la mano que les da forma.
Cuarta certeza: El futuro ya está aquí, pero desigualmente distribuido. En algunos cuerpos, algunos territorios, algunas prácticas –los que tomaron Garín, los que dijeron basta a la espera– el mañana ya estaba ocurriendo. La prospectiva es detectar esos enclaves y propagar sus ondas.
Quinta certeza: Lo imposible de hoy es condición de lo posible de mañana. Sin la cobra escarlata del deseo, no hay caminata. Pero el deseo debe tener método: la utopía sin análisis es espejismo.
VI. Lo que proponemos (lo grupal)
Proponemos una red de prospectiva cultural que articule a artistas, gestores, militantes, académicos, trabajadores de la cultura. No una internacional burocrática: una red viva, horizontal, federal.
Proponemos equipos territoriales para leer el presente en clave de futuro. Cartografiar lo que emerge. Mapear lo que late. Detectar lo que insiste.
Proponemos recuperar y poner en valor las experiencias de todas las tradiciones. Que las lecciones de los que tomaron Garín, los que dijeron basta a la espera, los que supieron unir en la lucha, la organización del poder clasista, su brazo que no tiembla, la teoría hecha carne, el Vasco que aprendió en la fuga se conviertan en herramientas vivas.
Proponemos un lenguaje común sin renunciar a las lenguas propias. Que la unidad sea polifónica. Que la cobra escarlata tenga todas las escamas de todos los colores, pero sea una.
Proponemos intervenir en las industrias culturales existentes desde la ocupación estratégica. Estar donde se produce sentido masivo. Disputar los algoritmos. Hackear los formatos.
Proponemos crear nuevas instituciones culturales donde hagan falta. No esperar a que el Estado nos dé espacio: construirlas nosotros mismos. Centros culturales autogestionados, editoriales independientes, plataformas digitales propias.
VII. Una pregunta que nos quema
¿Qué pasa con quienes sonríen y dicen que sí, pero nunca intentan nada?
Los hemos visto. En Cuba, en Argentina, en todas partes. Compañeros que asienten, que se tentan, que celebran. Y cuando hay que pasar del dicho al hecho, desaparecen. No es cobardía: es falta de herramientas, falta de organización.
A ellos les decimos: este manifiesto es la herramienta. La invitación está hecha. Ahora falta lo demás. Y lo demás lo hacemos juntos.
A quienes sonríen y dicen que sí, les preguntamos: ¿se tentan? Porque tentarse no basta. Hay que intentar. Hay que intentar siempre. Hay que intentar aunque salga mal. Hay que intentar hasta que salga bien.
VIII. La invitación
Esto no es un dogma. Es una invitación. No venimos a decirles lo que tienen que pensar. Venimos a proponerles pensar juntos. No venimos a fundar la secta de los iluminados. Venimos a construir la alianza de quienes quieren ver más allá.
Si vienes de los que tomaron Garín, te necesitamos.
Si vienes de los que dijeron basta a la espera, te necesitamos.
Si vienes de los que supieron unir en la lucha, te necesitamos.
Si vienes de la organización del poder clasista y el brazo que no tiembla, te necesitamos.
Si vienes de la teoría hecha carne militante, te necesitamos.
Si vienes del Vasco que aprendió en la fuga, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes empuñaron armas y creyeron que otro mundo era posible incluso a riesgo de la vida, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes construyeron organización en la clandestinidad, tejiendo redes en la noche para que amaneciera distinto, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes aprendieron que la revolución se hace con los pies en la tierra, con trabajo de base, con organización popular día a día, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes entendieron que nuestras luchas no entienden de fronteras, te necesitamos.
Si vienes de la tradición de quienes pusieron el cuerpo, que es lo único que tenemos, y lo pusieron entero, te necesitamos.
Todas, todos. Cada tradición es una herramienta. Cada herramienta sirve si la usamos juntos.
El mundo que viene no lo construye una sola tradición. Lo construimos entre todas las que alguna vez soñaron con cambiarlo.
En Cuba lo saben. En cada rincón donde alguien cree que la dignidad vale, lo saben. Por eso llegamos con la cobra escarlata visible: para que allá, en la isla, en cada territorio donde se lucha, sepan que no somos secta, somos pueblo.
Si sabes que el arte puede más que la mercancía, te necesitamos.
Si sabes que la cultura es territorio de disputa, te necesitamos.
Si sabes que el futuro no está escrito y podemos escribirlo juntos, te necesitamos.
Si sonríes y dices que sí, pero aún no has intentado, te necesitamos también. Sobre todo a ti.
Consigna final
De lo pequeño a lo grande. De lo simple a lo complejo.
En cárcel común perpetua efectiva ningún genocida por las calles de Argentina.
Con la memoria de los que lucharon. Sin frases vacías.
La cobra escarlata ha mudado su piel. No para olvidar lo que fue, sino para seguir viva. Esta es su nueva piel.
Juntos. Siempre juntos.
Marzo de 2026
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